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Convertir la ambición de los ODS en acción


Una conversación con Chienie Tsai sobre ESG, liderazgo y el trabajo práctico del desarrollo sostenible


Los Objetivos de Desarrollo Sostenible nos proporcionan un lenguaje.

Nos ayudan a nombrar el futuro que queremos construir. Dan estructura a nuestras aspiraciones de un mundo más inclusivo, responsable, equitativo, sostenible y resiliente. Crean un vocabulario común entre sectores, culturas, geografías e instituciones.

Pero un lenguaje común no es suficiente.

El verdadero desafío comienza cuando la ambición tiene que convertirse en acción. Cuando una organización deja de mostrar simplemente la rueda de los ODS y empieza a preguntarse qué está cambiando realmente. Cuando una empresa, organización sin fines de lucro, universidad, grupo comunitario o institución pública se pregunta no solo qué objetivos apoya, sino qué hace, cómo lo hace, quién participa, cómo se mide el progreso y cómo puede sostenerse el trabajo en el tiempo.

Ese fue el centro de nuestra conversación en PM4TheWorld con Chienie Tsai, fundadora y directora general de la Global ESG Leadership Organization.


La conversación comenzó con una distinción sencilla pero importante. Los ODS describen la ambición. ESG ofrece uno de los lenguajes prácticos mediante los cuales las organizaciones pueden traducir esa ambición en decisiones, sistemas, programas, alianzas y resultados medibles. En otras palabras, los ODS ayudan a definir adónde queremos llegar. ESG, cuando se utiliza de forma significativa, puede ayudar a las organizaciones a comprender cómo avanzar.


Pero la perspectiva de Chienie también fue clara: ESG no puede reducirse a la elaboración de informes. No puede convertirse únicamente en un ejercicio técnico, un requisito de cumplimiento ni un lenguaje reservado a expertos. Si ESG se desconecta del trabajo cotidiano de las personas, de las necesidades de las comunidades y de la práctica organizacional, corre el riesgo de convertirse en otra capa de abstracción. El propósito no es producir mejores informes, sino generar un mejor impacto.


El propio recorrido de Chienie refleja ese paso de la experiencia empresarial a la acción sostenible. Antes de fundar la Global ESG Leadership Organization, pasó años en los sectores de la moda y el lujo, incluido trabajo relacionado con el desarrollo de grandes marcas internacionales en el mercado chino. Más adelante creó su propia empresa de bisutería de moda, con más de 200 puntos de venta en canales en línea y presenciales.

Esa experiencia le permitió observar de cerca las realidades que existen detrás de los productos, las cadenas de suministro, las fábricas, los materiales, las condiciones laborales y el crecimiento empresarial. El negocio tuvo éxito, pero ese éxito también planteó preguntas más profundas. ¿Bastaba la rentabilidad? ¿Era esta la única manera de construir y ampliar un negocio? ¿Podía la empresa convertirse no solo en un vehículo de extracción de valor, sino también de beneficio comunitario y responsabilidad social?

Esas preguntas terminaron conduciéndola hacia la sostenibilidad, ESG y la construcción de ecosistemas globales.


Uno de los aspectos más poderosos de la conversación fue que Chienie no presentó el liderazgo ESG como algo que comienza con el dominio experto. De hecho, explicó abiertamente que al inicio de este nuevo recorrido todavía no era experta en ESG. Estudió, aprendió, obtuvo credenciales, experimentó y escuchó. Pero la fuerza impulsora ya estaba allí: la convicción de que las empresas y el liderazgo pueden, y deben, contribuir a un mundo mejor. Este punto importa.


Con demasiada frecuencia, las organizaciones esperan una claridad perfecta antes de comenzar. Esperan el marco completo, toda la financiación, un departamento con todos sus puestos cubiertos, el panel impecable o un mandato externo. Mientras tanto, la distancia entre la ambición y la acción sigue aumentando.


La experiencia de Chienie sugiere otro camino. Empezar por el propósito, por las personas y por el aprendizaje. Empezar conectando a quienes se preocupan, pero quizá aún no sepan cómo actuar.

La Global ESG Leadership Organization ha organizado su trabajo en torno a una progresión sencilla: conectar, compartir, aprender, actuar y liderar. Esa secuencia es importante.


La conexión va primero porque el desarrollo sostenible no puede ejecutarse de forma aislada. La acción ESG exige la participación de distintos sectores, entre ellos empresas, instituciones públicas, organizaciones sin fines de lucro, academia, comunidades locales y plataformas internacionales. Requiere reunir a quienes comprenden las políticas, dirigen organizaciones, viven los problemas directamente, movilizan recursos y diseñan o ejecutan soluciones prácticas.

Después viene compartir, porque a muchas organizaciones no les faltan buenas intenciones, sino ejemplos utilizables. Necesitan ver qué han intentado otros, qué funcionó, qué fracasó, qué tecnologías se emplearon, qué alianzas se construyeron, qué obstáculos aparecieron y qué ajustes fueron necesarios. En este sentido, compartir casos prácticos se convierte en una forma de desarrollo de capacidades.


El aprendizaje pasa entonces a ser colectivo y no únicamente individual. No se limita a una sesión de formación o un evento aislado, sino que es un proceso comunitario continuo en el que las personas regresan, actualizan sus conocimientos, comparan experiencias y siguen evolucionando.

La acción surge de ese aprendizaje compartido. Sin embargo, desde la perspectiva de Chienie, la acción no es el final del proceso.


El último paso es el liderazgo.

Aquí cobra especial relevancia su concepto de microliderazgo. El desarrollo sostenible no puede depender únicamente de líderes formales, instituciones globales, grandes empresas o financiadores importantes. También depende de personas en comunidades locales, pequeñas empresas, redes juveniles, iniciativas lideradas por mujeres, instituciones educativas y organizaciones de la sociedad civil que estén dispuestas a asumir la responsabilidad del cambio en su propia esfera de influencia.

Esta idea resuena profundamente con la misión de PM4TheWorld.

Los proyectos son el mecanismo mediante el cual muchas ambiciones se hacen realidad. Una política no se ejecuta por sí sola. Una estrategia no se entrega sola. Un objetivo no cambia vidas simplemente porque ha sido aprobado. En algún lugar, las personas deben definir el trabajo, alinear a las partes interesadas, organizar recursos, gestionar restricciones, medir avances, aprender de la realidad y adaptarse.

Aquí es donde la gestión de proyectos pasa a ser central para el desarrollo sostenible.

Al hablar de la brecha de ejecución, Chienie señaló un problema recurrente: los ODS y ESG suelen tratarse por separado. Las organizaciones pueden referirse a los ODS como una gran aspiración, mientras ESG queda confinado a informes, cumplimiento o procesos dirigidos por especialistas. El resultado es una brecha entre el lenguaje de los objetivos globales y el de la acción organizacional.


Superar esa brecha exige traducción.

Exige tomar la ambición de los ODS y convertirla en programas, iniciativas, paneles, sistemas de aprendizaje, mecanismos de participación comunitaria y marcos de decisión. Exige hacer que ESG sea comprensible y utilizable por personas que no son especialistas, pero que son responsables de trabajos reales dentro de organizaciones reales.

Por eso Chienie también subrayó la importancia de casos estructurados y prácticos. Los números importan, igual que los informes y la medición. Pero detrás de cada número debe existir una huella, un plano y una historia de cómo se generó el impacto. ¿Cuál era el problema? ¿Qué enfoque se adoptó? ¿Qué recursos se movilizaron? ¿Qué dificultades surgieron? ¿Qué cambió? ¿Qué pueden aprender otros?

Sin esa capa práctica, la sostenibilidad permanece demasiado alejada de la ejecución.

La conversación también examinó por qué las mujeres y los jóvenes son tan importantes para las iniciativas de la Global ESG Leadership Organization. Chienie describió acciones relacionadas con alfabetización financiera, emprendimiento, liderazgo de las mujeres, educación sobre los ODS y empoderamiento económico. No porque sean los únicos grupos de interés del desarrollo sostenible, sino porque con frecuencia se sitúan en la intersección de oportunidad, vulnerabilidad, creatividad y cambio social a largo plazo.

Los jóvenes aportan energía, imaginación y un interés directo en el futuro que se está definiendo hoy. Las mujeres, especialmente en muchos contextos económicos y comunitarios, suelen ser poderosas multiplicadoras del impacto social y económico cuando se fortalecen el acceso, la confianza, la educación y los recursos.


Pero el mensaje de Chienie no consistía solo en ayudar a las mujeres y los jóvenes. También trataba de crear espacios donde puedan expresarse, liderar, construir y participar en el diseño de los sistemas que les afectan.

Esa distinción es importante.


El desarrollo sostenible no puede hacerse para las comunidades sin las comunidades. No puede diseñarse únicamente desde consejos de administración, conferencias o espacios de política pública. Debe incluir a las personas cuyas vidas, futuros y oportunidades están directamente relacionados con las cuestiones que se abordan.

Esto nos llevó naturalmente al tema de la medición.


Chienie habló de la necesidad de paneles de impacto pertinentes para cada iniciativa. No existe un panel universal que se adapte a todos los programas. Las medidas adecuadas dependen del propósito de la iniciativa, de las personas a las que quiere llegar, de los resultados que busca y del tipo de cambio que pretende apoyar.

En algunas iniciativas, el alcance y la accesibilidad pueden ser centrales. En otras, la pregunta clave puede ser qué se llevan los participantes, si aumenta su capacidad, si siguen vinculados a una comunidad de práctica o si comienzan a actuar de otra manera como consecuencia de la iniciativa.


Es un recordatorio útil para cualquiera que trabaje con proyectos relacionados con los ODS. La medición no debe añadirse al final como algo secundario; debe formar parte del diseño. Pero también debe permanecer conectada al significado. Un panel solo es útil si ayuda a comprender si el trabajo está marcando una diferencia y cómo puede mejorarse.

Una de las reflexiones finales más poderosas surgió cuando se preguntó a Chienie por dónde deberían comenzar las organizaciones que desean convertir su ambición respecto de los ODS en acción.

Su respuesta fue práctica y directa: no empiecen quejándose de que el objetivo está demasiado lejos, no empiecen preocupándose demasiado por el mañana y no esperen a que aparezca financiación para comenzar.


Esto no significa que la financiación sea irrelevante. Los recursos y la escala importan, y la sostenibilidad exige realismo económico. Pero demasiadas iniciativas nunca comienzan porque las personas suponen que no se puede actuar sin condiciones perfectas.

El primer paso suele ser menor de lo que pensamos.

Empiecen conectando personas, compartiendo conocimiento, identificando un problema práctico, creando una comunidad de aprendizaje, documentando un caso y preguntando qué puede hacerse ahora con los recursos, las relaciones y la credibilidad que ya existen.

Y construyan a partir de ahí.


En PM4TheWorld, este es precisamente el tipo de conversación que queremos seguir promoviendo. El desarrollo sostenible no es solo cuestión de declaraciones, sino de ejecución. Requiere gobernanza, liderazgo, medición, colaboración y capacidad de proyecto. Exige el valor de pasar del lenguaje de la aspiración a la disciplina de la implementación.


Los ODS nos dan el destino.

ESG puede ayudar a las organizaciones a construir un lenguaje práctico para actuar.

La gestión de proyectos convierte ese lenguaje en trabajo.

Y el liderazgo, especialmente el que conecta, comparte, aprende, actúa y capacita a otros para liderar, es lo que hace sostenible el trabajo.

El desafío no es solo creer en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El desafío es hacerlos realidad.


También pueden ver la grabación del seminario aquí: https://www.pm4the.world/previousevents

 
 
 

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